
La diferencia en el discurso y su contenido se hace evidente según el género. La exitosa escritora norteamericana Deborah Tannen en su famoso libro “Tu no me entiendes. Por qué es tan difícil el diálogo hombre – mujer? hace una interpretación magistral de todas estas cuestiones, en donde explica, a grandes rasgos, que hombres y mujeres suelen interpretar un mismo mensaje de manera distinta. Con esto quiero decir, que cada uno de ellos leerá e interpretará un mensaje de acuerdo a sus códigos incorporados, los cuales, -no siempre -tienen ni deben ser los mismos necesariamente. Y allí radica el conflicto, en lo especular de la situación . “Yo quiero que el otro me diga siempre lo que yo quiero escuchar” decía una paciente en sesión. Afimación que la deja en graves problemas, al punto de causarle angustia frente a la aparente “incomprensión” de su parteneaire.
Juzgar al otro porque su discurso, su opinión o bien su silencio no condicen con los nuestros es una manera de subestimarlo y entrar en conflicto. De repente, el chispazo se produce y es muy difícil remontar la situación. ¿ Por qué no es posible aceptar la multiplicidad de puntos de vista?
Y con ello me refiero no sólo a lo conversacional, sino también a lo actitudinal.
Graciela se queja de que su esposo es un descorazonado porque no llamó a su amigo para contarle que se había comprado un auto. “Llamar a Susy es lo primero que hubiese hecho! Y que en realidad, fue lo primero que hice! “No entiendo cómo Alberto no pudo hacerlo” ¿ Por qué no? Pregunto…
Mucho se ha hablado de los estilos conversacionales. Y también se ha dicho que las mujeres privilegiamos el estilo afectivo y el hombre, el estilo informativo. Por esta simple razón, muchas mujeres priorizan este tipo de conversaciones entre mujeres y los hombres, cuando se juntan entre hombres, hablan del resultado del partido, del nuevo ascenso conseguido en el trabajo y del asado que van a armar para el domingo.
En cambio las mujeres suelen ser más sentimentales, y cuando se juntan con amigas, se cuentan los más ínfimos detalles del encuentro con x, se preguntan una y mil veces si hicieron bien en besarlo, en dejarlo y en volverlo a llamar…
La mujer suele explayarse e irse por las ramas, en cambio, el hombre, es concreto y pragmático. Le gusta “ir al grano”, en cambio nosotras, damos vueltas como la calesita.
Es mejor que estemos advertidas y advertidos acerca de todas estas cuestiones y que, pese a ello, intentemos lograr una adaptación y aceptación de algunas diferencias que son estructurales y que no impliquen “moldear al otro a nuestra medida”.
Esto ha sido motivo de muchas diferencias inconciliables que han implicado divorcios y rupturas por doquier que podrían haberse evitado y que muchas veces son interpretadas como manipulación, forma de control que no generan otra cosa que resistencia.
Todo dependerá del cristal con que se miren los desencuentros : ya Freud anunciaba que la completad es imposible y que justamente lo que alimenta una relación radica en la diferencia…sólo es cuestión de saberle sacar provecho...

