Desencuentros Amorosos...

lunes, junio 28, 2010 by Lic. Luciana Russo



Es muy común y hartas veces escuchado el reproche de las mujeres profesado hacia los hombres “nunca me entiende” y su contrapartida por parte del hombre: ¿ por qué es tan complicada?
La diferencia en el discurso y su contenido se hace evidente según el género. La exitosa escritora norteamericana Deborah Tannen en su famoso libro “Tu no me entiendes. Por qué es tan difícil el diálogo hombre – mujer? hace una interpretación magistral de todas estas cuestiones, en donde explica, a grandes rasgos, que hombres y mujeres suelen interpretar un mismo mensaje de manera distinta. Con esto quiero decir, que cada uno de ellos leerá e interpretará un mensaje de acuerdo a sus códigos incorporados, los cuales, -no siempre -tienen ni deben ser los mismos necesariamente. Y allí radica el conflicto, en lo especular de la situación . “Yo quiero que el otro me diga siempre lo que yo quiero escuchar” decía una paciente en sesión. Afimación que la deja en graves problemas, al punto de causarle angustia frente a la aparente “incomprensión” de su parteneaire.
Juzgar al otro porque su discurso, su opinión o bien su silencio no condicen con los nuestros es una manera de subestimarlo y entrar en conflicto. De repente, el chispazo se produce y es muy difícil remontar la situación. ¿ Por qué no es posible aceptar la multiplicidad de puntos de vista?
Y con ello me refiero no sólo a lo conversacional, sino también a lo actitudinal.
Graciela se queja de que su esposo es un descorazonado porque no llamó a su amigo para contarle que se había comprado un auto. “Llamar a Susy es lo primero que hubiese hecho! Y que en realidad, fue lo primero que hice! “No entiendo cómo Alberto no pudo hacerlo” ¿ Por qué no? Pregunto…
Mucho se ha hablado de los estilos conversacionales. Y también se ha dicho que las mujeres privilegiamos el estilo afectivo y el hombre, el estilo informativo. Por esta simple razón, muchas mujeres priorizan este tipo de conversaciones entre mujeres y los hombres, cuando se juntan entre hombres, hablan del resultado del partido, del nuevo ascenso conseguido en el trabajo y del asado que van a armar para el domingo.
En cambio las mujeres suelen ser más sentimentales, y cuando se juntan con amigas, se cuentan los más ínfimos detalles del encuentro con x, se preguntan una y mil veces si hicieron bien en besarlo, en dejarlo y en volverlo a llamar…
La mujer suele explayarse e irse por las ramas, en cambio, el hombre, es concreto y pragmático. Le gusta “ir al grano”, en cambio nosotras, damos vueltas como la calesita.
Es mejor que estemos advertidas y advertidos acerca de todas estas cuestiones y que, pese a ello, intentemos lograr una adaptación y aceptación de algunas diferencias que son estructurales y que no impliquen “moldear al otro a nuestra medida”.
Esto ha sido motivo de muchas diferencias inconciliables que han implicado divorcios y rupturas por doquier que podrían haberse evitado y que muchas veces son interpretadas como manipulación, forma de control que no generan otra cosa que resistencia.
Todo dependerá del cristal con que se miren los desencuentros : ya Freud anunciaba que la completad es imposible y que justamente lo que alimenta una relación radica en la diferencia…sólo es cuestión de saberle sacar provecho...

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Crecen las consultas por motivos de inseguridad

miércoles, junio 16, 2010 by Lic. Luciana Russo




Es llamativo el crecimiento de las consultas producto de la inseguridad que nos azota. Miedos, angustias, distintas sensaciones y emociones disparadas a partir de la vivencia de un hecho desagradable el cual es moneda corriente en la sociedad en que vivimos...


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Cuando el divorcio afecta a los hijos

domingo, junio 13, 2010 by Lic. Luciana Russo



Cuando una pareja decide poner punto final a la relación, la ola expansiva del dolor no sólo los afecta a ellos sino a los hijos, los abuelos, tíos, primos y amigos.

La homeostasis sostenida se quiebra y todo cambio afecta entonces de manera particular a cada integrante del circuito en mayor o menor medida, de acuerdo al grado de cercanía del núcleo que ha entrado en conflicto.

Los efectos del divorcio son devastadores, sacuden, entristecen, invaden a uno de preguntas porque no es ni más ni menos que una crisis desatada en un momento particular de la vida de dos adultos. Y los hijos no son ajenos a ello. Pero, como dice el famoso dicho “siempre que llovió paró”, luego vendrá la calma. La cuestión es atravesar este momento de la mejor manera posible, de manera de salir lo menor lastimados posibles. Es terrible lo que sucede cuando los hijos terminan siendo rehenes de sus padres, cuando los mayores juegan a los caprichosos y se ubican como niños y actúan por un tremendo impulso, sin saber las consecuencias que ello ocasiona en la psiquis de sus hijos. Con ello me refiero que si bien es probable que el niño y el adolescente padezcan de esta situación por estar inmersos en ella, las verdaderas consecuencias se vislumbran a la hora de enfrentar una situación amorosa, en el mismo momento en que el niño una vez adulto decide encarar una relación efectiva. Aquí los efectos del divorcio se evidencian indefectiblemente. Con ello me refiero a que el niño que se ve afectado por la separación de sus padres, lleva el gran peso bajo sus espaldas del significado de divorcio, el cual implica que sus progenitores no pudieron funcionar como pareja. Y eso les resuena y entra en escena en este momento crucial. Estos niños crecen sin haber sabido el significado que implica una relación sana, armónica y las elecciones que realizan, terminan siendo en gran parte fracasos.

Es por ello que es importante que si esta decisión los engloba indirectamente, que los pasos a seguir sean los más sensatos, los más adecuados y los menos destructivos para con todos aquellos afectados por el conflicto. Ello dependerá de la capacidad y de la madurez de los padres para elaborar y manejar la situación. Estar al lado de los más vulnerables -los hijos- escucharlos, comprenderlos mucho, y acompañarlos en el dolor de transitar una decisión frente a la cual ellos no han tenido ni voz ni voto. Cuidarlos será la consigna. El divorcio es una marca grabada a fuego que va destilando sus efectos por doquier. Es, como cualquier crisis, un duelo que hay que atravesar por el otro que no está en el lugar que le ha sido asignado y esa marca una vez elaborada será la que nos permitirá reencauzar nuestra vida, nuestras relaciones y valorar nuestros afectos.

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