jueves, mayo 13, 2010 by Lic. Luciana Russo

La globalización que nos envuelve y configura como sociedad ha llegado hasta límites impensados en generaciones anteriores. A decir verdad, y como ocurre con muchas cosas, todo tiene su costado bueno y su costado malo. Hoy, voy a dedicarme al costado malo, o mejor nombrado, a las consecuencias de vivir sumergidos en la era 2.0.
Estudios realizados en varios países revelaron que las personas dijeron que la salida del trabajo y el regreso a sus hogares suele identificarse como el más feliz, porque prepondera el contacto cara a cara.
Comer junto a los familiares es otro momento identificado como reconfortante.
Los contactos on line, llámese msn, Facebook, mensaje de texto, pierden esa connotación afectiva que es propia del contacto cara a cara con el otro. Hoy estas configuraciones y modalidades de contacto pisan fuerte en el mundo en que vivimos. Sería interesante que empecemos a dosificar ambas configuraciones vinculares, para no perder esos instantes únicos e irrepetibles como los son por ejemplo el clásico asado del domingo junto a la familia y que tan bien nos hacen…
La verdadera conexión y la verdadera felicidad pasan por otro lado…por el abrazo a tiempo, por la mirada sostenida, por la oreja prestada, por una frase consoladora, y frente a ello, no hay nada que pueda competir…se trata de pequeños instantes guardados en nuestra memoria y en corazón que son terapéuticos y que nos llenan el alma…