Narcisismo, narcisismo…de dónde proviene esa palabra?
Se trata de un cuento narrado por un poeta latino que se remonta a la mitología griega, el cual relata la historia de un joven bello que se la pasa horas mirando y contemplando su propio reflejo en las aguas de un lago…
Una cuota de narcisismo es inherente a todos los seres humanos…de eso no hay duda, si no tenemos un poco de amor propio, estamos en problemas!
Es esa misma cuota la que hace e impulsa a los individuos a lograr metas en la vida y apostar a cualquier logro…
Resulta que vivimos en una sociedad que últimamente le hace culto al narcisismo, que lo convoca y lo venera a tal punto de exagerarlo, alcanzando posiciones extremistas que hacen al sujeto olvidarse de lo importante que es hacer lazo social y vincularnos con el resto con quien vivimos en sociedad.
Alcanzar el extremo lleva al sujeto a convertirse en alguien con una patología narcisista, la cual implica que el sujeto que la padece, presente dificultades en sus modalidades de relación, afectando su calidad de vida, convirtiéndose de esta manera en el “ombligo del mundo”.
Y si no, miremos el fenómeno de “Ricardo Fort”, con sus excentricidades y abundancias, o bien a la flamante Moria Casán , quien constantemente se autovenera creando neologismos extremadamente originales tales como “me teflonizo”, “no se cuelguen de mi”, y la lista sería infinita…
Lo llamativo de esta situación es que detrás de esa fachada de seguridad y de ese monstruo gigantesco se esconde una personalidad plagada de inseguridades.
En el caso de los famosos, es el aplauso y el reconocimiento continuo del público la droga necesaria para alimentar el cicuito del ególatra, sumado a ese “autoenamoramiento” desmedido, que llega a los límites de lo irrisorio.
Por ello es importante “dosificar”, si bien un poco de narcisismo pueda ser necesario par lanzarnos a muchas de nuestras aventuras y objetivos, es necesario manejarnos con precaución, sin caer en extremismos, y para evitar que nuestro propio reflejo termine contaminando nuestras relaciones con el resto de los seres humanos y con la vida misma.
Se trata de un cuento narrado por un poeta latino que se remonta a la mitología griega, el cual relata la historia de un joven bello que se la pasa horas mirando y contemplando su propio reflejo en las aguas de un lago…
Una cuota de narcisismo es inherente a todos los seres humanos…de eso no hay duda, si no tenemos un poco de amor propio, estamos en problemas!
Es esa misma cuota la que hace e impulsa a los individuos a lograr metas en la vida y apostar a cualquier logro…
Resulta que vivimos en una sociedad que últimamente le hace culto al narcisismo, que lo convoca y lo venera a tal punto de exagerarlo, alcanzando posiciones extremistas que hacen al sujeto olvidarse de lo importante que es hacer lazo social y vincularnos con el resto con quien vivimos en sociedad.
Alcanzar el extremo lleva al sujeto a convertirse en alguien con una patología narcisista, la cual implica que el sujeto que la padece, presente dificultades en sus modalidades de relación, afectando su calidad de vida, convirtiéndose de esta manera en el “ombligo del mundo”.
Y si no, miremos el fenómeno de “Ricardo Fort”, con sus excentricidades y abundancias, o bien a la flamante Moria Casán , quien constantemente se autovenera creando neologismos extremadamente originales tales como “me teflonizo”, “no se cuelguen de mi”, y la lista sería infinita…
Lo llamativo de esta situación es que detrás de esa fachada de seguridad y de ese monstruo gigantesco se esconde una personalidad plagada de inseguridades.
En el caso de los famosos, es el aplauso y el reconocimiento continuo del público la droga necesaria para alimentar el cicuito del ególatra, sumado a ese “autoenamoramiento” desmedido, que llega a los límites de lo irrisorio.
Por ello es importante “dosificar”, si bien un poco de narcisismo pueda ser necesario par lanzarnos a muchas de nuestras aventuras y objetivos, es necesario manejarnos con precaución, sin caer en extremismos, y para evitar que nuestro propio reflejo termine contaminando nuestras relaciones con el resto de los seres humanos y con la vida misma.
